Artículos e Investigaciones por Arq. Sebastián Sucre

 
La Iglesia de San Francisco de Veraguas

 

Las dificultades, de conocimiento público, para reparar y restaurar la Iglesia de San Francisco de la Montaña, construida hace más de 270 años, motivan el volver a escribir acerca de esta joya ubicada a 18 kilómetros de Santiago.  SEBASTIÁN SUCRE

Altar Mayor
   

 

Generalmente, en las primeras edades de cualquier persona no existe una comprensión clara de los valores que la rodean.  En una ocasión, escuché al extraordinario y talentoso pintor panameño Pablo Runyan (R.I.P.), decir que cuando él era muy joven, en los años cuarenta (siglo XX), circulaba en el mundo de Anais Nin, en New York, sin tener idea de la influencia intelectual y social de ésta.

A  nosotros nos ocurrió algo similar con la Iglesia de San Francisco de la Montaña, de Veraguas; la conocimos en la adolescencia, ajenos a su valor arquitectónico e histórico.

Por cierto, el San Francisco de ahora no es el mismo que guardaba en mis recuerdos. Ha perdido su serenidad y apacibilidad rural y, aunque pareciera que no ha crecido en área, el número de viviendas sí se multiplicó y, hoy día, sus habitantes recorren las distancias en dos buses, cuando en el pasado era una distracción recorrerlas a pie.  Lo admirable de los sanfranciscanos es que han conservado la ecología del lugar; aún en el verano, es evidente el verdor abrumador y denso de sus entornos ambientales.

>Antecedentes

Localizada en una meseta y con un clima agradable, San Francisco se fundó en1621, es decir, antes que Santiago.  Fue capital de la región (1864-1865) y sostuvo largos períodos de prosperidad, gracias a la ganadería, a la explotación de magníficas maderas, y a las muy conocidas minas de oro en Remance, sin valor comercial estas últimas desde la década de los años veinte (siglo XX). Su población es predominantemente blanca, mestiza e india.

Desde 1937, la Iglesia de San Francisco de la Montaña es considerada Monumento Nacional.  Sin embargo, la atención y los aportes de los gobiernos nacionales han sido insuficientes para preservar y restaurar los tesoros artísticos que aloja.  La ruina física de sus interiores creció por doquier (ver foto Nº. 1) y a  nadie pareció importarle, a pesar de que una de las características que identifica al panameño es su relación con los templos católicos.

>Arquitectura

Candelabro Cariátide Escultura

Cuándo exactamente se construyó la iglesia de San Francisco y cómo se financió su edificación son materias especulativas, ya que no existen memorias ni documentos pertinentes en Panamá o España.  O en cualquier otro lugar.  Su fecha de inauguración se presume que fue como en el año de 1727, por la razón de la inscripción que se lee en la pila bautismal, entre otras pistas.  Y lo más probable es que el patrocinio de los feligreses ricos lo hizo posible, ya que no cabe duda de que, en un momento dado, existió allí una comunidad avanzada cultural, intelectual y  económicamente próspera.  De otra manera, las circunstancias no se hubieran prestado para construir ese monumento que es el templo.

Si alguien se acerca a la Iglesia de San Francisco de la Montaña, sus elevaciones o fachadas no le anuncian el arte espectacular que posee su interior.  Amén de que en el año 1937, el gobierno nacional reconstruyó las elevaciones o fachadas y distorsionó la arquitectura de las mismas, casi en su totalidad.  Adicione a esto, el desplome de la torre en 1942.  El reemplazo que se contempla hoy día es de modestas proporciones.  La cubierta o techo del templo es una estructura de madera y tejas de dos aguas.

La planta arquitectónica tiene la forma de la Cruz de San Antonio (carece de ábside) y detrás del altar mayor se localiza la sacristía.  La entrada o acceso principal y los laterales son realmente pórticos próstilos (este último término significa que se proyectan fuera de las paredes exteriores del edificio) y sobre el pórtico próstilo principal se ubica el campanario.

Antes de los inicios de los trabajos de reparación y restauración que se hacen en la actualidad, se apreciaban en el interior del templo nueve altares, con un valor artesanal individual y como conjunto, esculturas, pinturas, un púlpito donde no quedó un solo centímetro sin ornamentación, gigantes candelabros, exquisita decoración en columnas y otros muchos detalles que se sitúan, de una manera armónica y coherente, en un ambiente místico, de área reducida (11.00 m x 25.00 m. aproximadamente) y  de hermosa concepción. La policromía es exuberante e intensa sobre una fina ebanistería, pero ejecutada con decoro.

Churrigueresco (Barroco español) es el estilo predominante en el arte interior de la Iglesia, como se aprecia, por ejemplo, en el altar mayor.  En éste, el lector puede observar que en el fondo, características de esta forma arquitectónica como lo son el plano dividido por columnas en tres cuerpos, y éstos, a su vez, subdivididos por arquitrabes; además, la profusa decoración y la ornamentación dorada.  En uno y otro lugar se encuentra la aplicación de otros estilos. V.gr.el semi-domo que cubre el altar de la Pasión o del Santo Cristo es gótico (estructura costillar).

Entre  las originalidades de la arquitectura y del arte de la iglesia de San Francisco se destaca la inserción, por parte de los artistas y artesanos, de rostros y motivos indígenas en mucho detalles. V.gr.columnas y pilastras configuradas como cariátides con rostros nativos es un ejemplo particular y extraordinario de acoplamiento de la fe católica con lo pagano (algunas particularidades del churrigueresco que se aplicó en España tuvo su inspiración en el arte nativo del nuevo mundo).

Al final de lo que hemos escrito aquí, se plantea la interrogante de cómo se elabora, en qué lugar o sitio se construye, y qué artistas y artesanos intervienen para hacer posible el arte y la arquitectura de la iglesia de San Francisco.  No hay certeza en ninguna respuesta que se pueda dar.  Continúa ello todo un enigma.

Y hablando de misterios, en 1932, fue asesinado el abate Fernando Felipe Soriano como resultado del estallido de un “bollo” de dinamita colocado debajo de la cama de este sacerdote, en la residencia curial (Esta casa está ubicada, cruzando una calle, detrás de la sacristía de la iglesia de San francisco).

Este crimen tuvo eco en toda la República de Panamá porque por aquellos años un asesinato era un suceso singular, sobre todo porque se respetaba la vida.  Todo lo contrario a lo que sucede hoy día, en que la violencia es cosa común.

Nunca se averiguó o se supo quién fue el responsable de la muerte del abate Soriano o el motivo.  Este es otro enigma en la historia de San Francisca de Veraguas.

Publicado en el Suplemento “ELLAS”
Diario “La Prensa”- 13 de mayo del 2005

 

 

 

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